
Estoy de baja. Es algo leve pero parece que cuesta que se cure. Hoy he vuelto al instituto para llevar la renovación del parte de baja.
Los chicos de la así llamada Aula Oberta ya habían salido de clase, a pesar de que todavía no era su hora de salida. Han venido directamente hacia mí, que caminaba lentamente apoyándome en la muleta. Y me han preguntado que cuándo volvería, que querían que me pusiera bien y que volviera a darles clase porque la otra profesora "no sabe ná". La verdad es que tengo que dudar acerca de la veracidad de esa afirmación: a los adolescentes les gusta quejarse, y quejarse sobre el instituto y en el instituto y a los profesores, todavía les gusta más. Sin embargo, me han parecido sinceros cuando pedían que volviera a mi puesto de trabajo.
Son los adolescentes de la así llamada Aula Oberta. Son adolescentes que presentan problemas actitudinales y que resisten a duras penas el trabajo en el aula. Por eso su aula tiene que ser, en teoría, abierta.
Chicos y chicas que en la mayoría de los casos han sido, como se dice tradicionalmente, dejados de la mano de Dios pero que conservan intactos, no sólo sus impulsos violentos, su incapacidad de elaborar un pensamiento de forma articulada y lógica, su incapacidad para distinguir contextos y situaciones y adecuar sus comportamientos... Son chicos y chicas, diríamos, que no han sido educados, que no han entrado a formar parte de las convenciones sociales mínimas para poder defenderse en el futuro. Son, así lo llaman algunos, de riesgo social.
Me pregunto si estos adolescentes que tendrían que estar en el aula oberta serían los mismos si no tuvieran las familias que tienen, si vivieran en otros barrios. Creo que no. Por desgracia creo que no. Mantienen intactas sus características básicas, desde el odio hasta el amor. Aman profundamente, sin ser conscientes de ello; odian del mismo modo.
Aún recuerdo el día en que leímos en clase La canción desesperada de Pablo Neruda. A su tiempo, hubo que explicar quién era ese señor y qué era el surrealismo, la dictadura chilena y la poesía impura. Siguieron las explicaciones del surrealismo con verdadero interés y se apasionaron por los dibujos de Dalí (sobre todo por aquellos de contenido sexual, no vayamos a ser ingenuos), se indignaron cuando supieron que en algunos países los ciudadanos no pueden (vid. China) ni podían expresar sus opiniones; se emocionaban al pensar que un poeta, alejado del mundo de los obreros, hubiera entregado su pluma a la labor de escribir para los trabajadores. Y lo más curioso es que al día siguiente vinieron a buscarme para mostrarme que en Youtube aparecían poemas de Pablo Neruda recitados por ciudadanos del mundo.
Me pregunto entonce quién está más abierto, quién es tan cerrado como para no entender que estos adolescentes necesitan que, de vez en cuando, alguien les abra la puerta de las sensaciones, de las emociones, de las palabras y que les invite a pasar.
Están en el Aula Oberta, en el aula de la apertura. Es una pena que a veces seamos los mismos profesionales los que, cansados de tanta desilusión, nos cerremos la puerta, les cerremos la puerta.
Los chicos de la así llamada Aula Oberta ya habían salido de clase, a pesar de que todavía no era su hora de salida. Han venido directamente hacia mí, que caminaba lentamente apoyándome en la muleta. Y me han preguntado que cuándo volvería, que querían que me pusiera bien y que volviera a darles clase porque la otra profesora "no sabe ná". La verdad es que tengo que dudar acerca de la veracidad de esa afirmación: a los adolescentes les gusta quejarse, y quejarse sobre el instituto y en el instituto y a los profesores, todavía les gusta más. Sin embargo, me han parecido sinceros cuando pedían que volviera a mi puesto de trabajo.
Son los adolescentes de la así llamada Aula Oberta. Son adolescentes que presentan problemas actitudinales y que resisten a duras penas el trabajo en el aula. Por eso su aula tiene que ser, en teoría, abierta.
Chicos y chicas que en la mayoría de los casos han sido, como se dice tradicionalmente, dejados de la mano de Dios pero que conservan intactos, no sólo sus impulsos violentos, su incapacidad de elaborar un pensamiento de forma articulada y lógica, su incapacidad para distinguir contextos y situaciones y adecuar sus comportamientos... Son chicos y chicas, diríamos, que no han sido educados, que no han entrado a formar parte de las convenciones sociales mínimas para poder defenderse en el futuro. Son, así lo llaman algunos, de riesgo social.
Me pregunto si estos adolescentes que tendrían que estar en el aula oberta serían los mismos si no tuvieran las familias que tienen, si vivieran en otros barrios. Creo que no. Por desgracia creo que no. Mantienen intactas sus características básicas, desde el odio hasta el amor. Aman profundamente, sin ser conscientes de ello; odian del mismo modo.
Aún recuerdo el día en que leímos en clase La canción desesperada de Pablo Neruda. A su tiempo, hubo que explicar quién era ese señor y qué era el surrealismo, la dictadura chilena y la poesía impura. Siguieron las explicaciones del surrealismo con verdadero interés y se apasionaron por los dibujos de Dalí (sobre todo por aquellos de contenido sexual, no vayamos a ser ingenuos), se indignaron cuando supieron que en algunos países los ciudadanos no pueden (vid. China) ni podían expresar sus opiniones; se emocionaban al pensar que un poeta, alejado del mundo de los obreros, hubiera entregado su pluma a la labor de escribir para los trabajadores. Y lo más curioso es que al día siguiente vinieron a buscarme para mostrarme que en Youtube aparecían poemas de Pablo Neruda recitados por ciudadanos del mundo.
Me pregunto entonce quién está más abierto, quién es tan cerrado como para no entender que estos adolescentes necesitan que, de vez en cuando, alguien les abra la puerta de las sensaciones, de las emociones, de las palabras y que les invite a pasar.
Están en el Aula Oberta, en el aula de la apertura. Es una pena que a veces seamos los mismos profesionales los que, cansados de tanta desilusión, nos cerremos la puerta, les cerremos la puerta.


3 comentarios:
¡Qué bonita historia!
Tienes toda la razón: a veces con estos alumnos "sin futuro" (desde el punto de vista de los profes) nos resignamos a hacer simplemente cositas "instrumentales": ejercicios de ortografía, dictados, juegos de vocabulario...Ellos igual sienten este desprecio tácito y entonces no colaboran. En realidad, igual están más abiertos de lo que pensamos al conocimiento.
También supongo que dependerá del Aula Oberta. En la que estuve yo, donde la Trinitat Nova, no sé...tal vez no hubiera sido imposible pero sí difícil. O yo no tuve las suficientes agallas para entrar con Neruda por la puerta...Me conformé con Manolito Gafotas o Buika, que creo que les llegaron.
Si dijeron que la otra profe "no sabe ná", seguramente ella no se ha atrevido a inculcarles nuevos referentes.
Bravo, profa. Aprovecha esa dulzura de que te echen de menos...mientras te curas sin prisa.
Gracias, Chabela, eres la que estrena los comentarios de este blog. Me crié en Ciudad Meridiana, sé qué alumnos hay en la Trini. He entrado con los poemas de Neruda en febrero, no en septiembre, y... con los de amor, y mejor con erotismo, claro. De alguna manera hay que engañar al personal.
Te recomiendo la lectura de dos libros de nuestro compañero de profesión Juan Sánchez Enciso:
«(Con)Viure en la paraula».
«Los mejores años»
Quizá te pueda ayudar a comprender mejor a tus alumnos... sean o no de Aula Oberta.
Para mí, su año de tutoría en secundaría sigue siendo lo mejor que me ha pasado a nivel profesional.
Publicar un comentario